Un ganador que vuelve a su camino

 

Un ganador que vuelve a su camino

Un ganador que vuelve a su camino

Hacía semanas que necesitaba llorar, pero no podía.

Tengo un amigo. Se reflejaba a sí mismo como un pobre desgraciado; seco. Con mirada apagada y sonrisa torcida. Borde, arisco. Frío y calculador. Sin embargo, conmigo nunca ha sido así. Yo le conozco como un hombre emocional y cariñoso. Atento, delicado e incluso coqueto. Siempre he visto en él el reflejo de un ganador.

Acostumbrada a su estilo con un toque mod, tan usual en los barrios viejos y alternativos que vuelven a ponerse de moda, ayer me sorprendió con sus pintas exageradas de moderno, de vuelta de todo, de chico malo: niño pijo en toda regla. Pero arrebatador, como es habitual.

Siempre nos hemos comido el tiempo hablando. Hablando y riendo. Hablando y dibujando. Hablando y hablando.

[mailpress]

 

Él no es un Aven. Tampoco es un natural o un frusco. Es… ¿normal? No. Un tío normal no es así. Pero lo que sí que es, es un ganador. Un ganador que se había perdido y había olvidado que lo era. Se había enfundado un traje de frusco amargado para todo, pero su esencia de ganador seguía ahí… a mí no podía engañarme. De hecho, no me engañó.

Ayer él me regaló un libro: “La conquista de la felicidad”, se llama. Me acabo de dar cuenta (hace un par de minutos) que no me gusta que me regalen libros; siempre que me regalan uno, lo dejo antes de acabarlo. Los empiezo pero, según voy avanzando, cada vez tengo más miedo a terminarlo. Tengo la sensación de que cuando acabe el libro ya no tendré nada más de esa persona que me ha regalado ese libro. No tendré nada nuevo que descubrir.

Debe ser que me junto con personas cultas e interesantes que siempre me regalan un libro porque tengo varios empezados y ninguno acabado. No quiero acabar de leer ninguno. Tampoco los guardo. Los tengo en el ordenado caos de mi habitación. Tengo verdadero miedo a acabar esos libros y no tener nada nuevo de esas personas que se acordaron de mí al comprar ese libro. No quiero acabar de leerlo y dejarlo aparcado porque siento que, de alguna forma, aparco a la persona. Esos libros son como un trocito de ellos que no me quiero fumar sin antes habérmelos fumado a ellos. Un trocito de esas personas que quiero tener siempre conmigo, por el motivo que sea.

“La conquista de la felicidad” está encima de mi cama. Contiene la dedicatoria más bonita que jamás podrán repetir. Y quiero leérmelo pero todavía estoy disfrutando su dedicatoria, con miedo de tener que acabar cuando empiece…

Me dio las gracias por el regalo: por haberle hecho sentirse un ganador de nuevo, como antes. Hacía tiempo que se sentía perdido, confundido, que había perdido el norte de las cosas. Sí que es verdad que ayer tenía la mirada más brillante y una sonrisa segura que yo nunca había conocido. Hemos estado hablando un buen rato…

Puede haber necesitado un empujón pero, el cambio, el nuevo rumbo… lo marca él mismo desde ayer.

Quise llorar. Quise llorar cuando me dio el libro, pero no pude. Le di un beso.

Aunque llevo horas de palabras escritas sobre él, sobre nuestras conversaciones y mis impresiones, reconozco que hacía meses que no escribía tan a gusto. Palabras que nunca verán la luz de ningún blog y, seguramente, ni siquiera de sus ojos. Tenía tantas ganas de volver a escribir sobre las cosas que me ocurren, pensamientos, reflexiones, ideas, etc. como las ganas que tenía de llorar.

Quise llorar. Quise llorar no hace mucho cuando me dijo las cosas más bonitas que nunca me han dicho, pero no pude. Quizá me las dijeron alguna vez, pero las había olvidado. Ayer, continuó.

Ayer él me hizo llorar. Llegué a mi casa y me desplomé.

Le doy las gracias. Gracias por hacerme volver a sentir.

[mailpress]

3 Comments

  1. Que bueno saber que aflora de nuevo la sensibilidad en ti. A veces con las metas y el trabajo dejamos de pensar en nosotros mismo y en los que queremos. No quiere decir que les abandonemos, sino que estamos tan centrados en otras cosas que olvidamos dejarnos llevar por sentimientos que nos recuerdan la vitalidad y la sangre que llevamos dentro.

    Llorar no es malo, puede ser tanto un desahogo como una demostracion de felicidad (entre muchas otras emociones). No hace daño dejar fluir las lagrimas por que es la manera mas directa que tiene nuestro cuerpo para expresar sentimientos sin necesidad de decir una palabra.

    Intenta acabar esos libros, para quien te lo regala seguro es importante que lo leas.

    África saludos desde Venezuela, le estoy hechando un ojo a tus publicaciones, todo muy bueno.

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