romance y seducción

Romance y seducción por Mario Luna

Sab Dic 09, 2006 5:33 pm

¿Recordáis la noche que quedamos Jack y yo y escribimos sendos partes de sargeo?

Pues bien, voy a refrescaros la memoria, porque viene a cuento.

Cuando Jack escribió…

JackTheRipper escribió:

En el tercer set me quedé callado mientras sargeaba una TB. Hizo cada cosa que me quedé… flipado. Me estaba mostrando en Directo porque solía fallarme el CIERRE DE BESO. Pues el se mostraba muy sexual, abrazándola e incluso la excitó mordiéndole la oreja o algo así… REALMENTE EXCELENTE.

La TB le dió el número y le dijo 2000 veces que la llamara. Aunque estuvo receptiva desde el principio fue bueno de ver.

Y yo escribí…

Contraste escribió:

Al poco rato, debido a un IDI de una de las TBs, me la cede. Ésta pasa a ser mi Objetivo. Entonces Jack podía haberse ido a por otra TB del set que estaba sola, pero prefiere quedarse junto a mí. A veces, yo hago lo mismo, y no es que seamos maricas. La razón es que, al principio, a los Aven nos gusta conocer un poco el juego de nuestros Alas, para poder compenetrarnos mejor con ellos.

Le hago El cerdo, Las mujeres sois predadoras sexuales, Pánico en los urinarios y el Test de la Sensualidad, aunque no estoy muy seguro. Recuerdo claramente que apliqué raudales de Kino (especialmente con el Test de la Sensualidad), que jugueteé con la posibilidad de ser gay y que la cualifiqué con una versión adaptada al momento de La belleza es común antes de cerrar con teléfono. La idea era crear un buen Amarre para el puente temporal, y creo que tuve éxito porque pese a mi comportamiento claramente sexual logré que se sintiera especial y única a mi lado, desmarcándome y atenuando los posibles efectos del Factor Fulana.

Nos referíamos a lo mismo.

Ahora quiero poneros al día, porque la cosa no quedó ahí. De hecho, lo cierto es que he estado bastante ocupado últimamente debido a mi afición por llevar las interacciones al siguiente nivel. Jack ha estado hablando últimamente de la importancia de llevar a cabo Cierres Sólidos, y personalmente comparto con él que se trata de algo crucial.

A la TB en cuestión la telefoneé a la mañana siguiente (domingo), sólo para que no se olvidase de mi existencia. Creé un poco de Confort y no volvió a saber de mí hasta el domingo siguiente.

Como había calibrado que la Temperatura de Compra estaba alta, la invité a ir directamente a ir al cine para “hacer manitas frente a la pantalla”. Cuando dices ese tipo de cosas, aunque sea en broma, es imposible que te solamigueen.

El caso es que la TB declinó mi oferta. Según ella, estaba en Alicante con unas amigas.

“Mmmmhhh… Así que no es tan fácil”, pensé.

Traté de mejorar la situación al día siguiente (lunes) con una Falsa Invitación.

“Los chicos y yo vamos a dar un recital de poesía en un local del Carmen. Estás invitada.”

Era completamente falso. Además, se lo dije con una supuesta antelación muy escasa. Y era lunes. Era imposible que aceptase.

Sin embargo, lo imposible ocurrió apenas dos minutos después.

“Dónde. Cuándo.”

Era la primera vez que alguien aceptaba una Falsa Invitación de forma tan clara e inmediata. No podía creerlo.

A menudo me han preguntado cómo se solucionan estas cosas, a lo que yo respondo que cada caso particular tiene su solución propia.

En este, NO HICE ABSOLUTAMENTE NADA. Sencillamente, apagué el móvil y me puse a ver una buena peli.

Al día siguiente, al salir del trabajo, escribí:

“Me dejé el móvil en casa justo después de enviarte el mensaje.”

Nada más. No quería disculparme ni hacer nada que sugiriese que le estaba dando demasiadas vueltas al asunto. Era la única forma que tenía de hacerlo realista. Más explicaciones habrían tenido un efecto negativo.

Al día siguiente, miércoles, era festivo. No quería proponerle nada para no parecer un pringado, pues quedarte en tu ciudad en un festivo no es precisamente una DAV (Demostración de Alto Valor).

A eso de las 6h recibí el siguiente mensaje:

“Hola, Contraste. Q tal, por donde andas? Has aprovechado este puente para ir de viaje?”

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que todo lo que había hecho estaba funcionando. La TB se estaba llevando la clara impresión de que mi vida era una constante avalancha de excitación y aventura. Justo lo que tenía que pensar.

No respondí hasta poco antes de acostarme (con suerte, poco antes de que ella se acostara también, pues quería que le diese vueltas en la cama). Y decidí seguir arriesgando con las DAVs. Le escribí:

“Un súper día. A Marcos le ha picado una serpiente, pero en seguida le hemos puesto remedio. Ya te contaré.”

El resto lo dejaba enteramente a su imaginación. Esta, sin duda, iba a trabajar en mi favor. Los ingredientes son siempre los mismos, no fallan: misterio, ambigüedad y… sugerir, más que decir.

El jueves por la tarde estaba lloviendo.

“Ideal”, me dije. “Justo lo que necesito”

Así que el siguiente mensaje estaba claro. Escribí:

“Esta noche me apetece relajarme con velas, incienso y la lluvia golpeando los cristales. Si estás en la misma onda dime algo y cocinamos algo juntos.”

Por cierto, para las TBs la palabra “relajarse” es sinónimo de “sexo”. Y yo no quería malentendidos. Tampoco quería perder una tarde mojándome fuera de casa sólo para crear Romance. Puesto que la Temperatura de Compra era bastante alta, creía que podía permitirme dicho lujo.

Así la cosa estaba clara. Si ella venía, no cabía duda de lo que podía esperar de mí (antisolamigueo total). Además, aunque íntima y sexual, la invitación no era vulgar, cosa que esperaba ayudase a mitigar el Factor Fulana.

Su respuesta no se hizo de esperar:

“Me parece una proposición muy tentadora. A qué lugar y a qué hora?”

La llamé por teléfono y se lo expliqué.

Como estaba bastante cansado, me eché una pequeña siesta.

Al despertar, apenas tuve tiempo de preparar el encuentro.

Limpié mi enorme habitación (comparto piso, pero tengo una habitación descomunal, con sofá, balcón, plasma, mesa, nevera, etc., que parece más bien un mini-apartamento) y preparé la música:

Empezaría con la banda sonora de Swingers, continuaría con una selección de las mejores canciones del s.XX y finalizaría el asunto con la discografía completa de Lorena McKennit, algo que nunca me falla en las sesiones de relajación y sexo.

Bajé al supermercado y compré un pan especial cocido con levadura madre, del que se pueden hacer suculentas rebanadas que desmarcarán cualquier mesa. Compré un Rioja, Vichy Catalán, Carpaccio, salmón ahumado y una tabla de quesos, todo para ponerlo en fuentes grandes sobre rebanadas de pan bien finas. Por último añadí unos cuantos caquis persimón, de esos que están duros como piedras. Los prepararía en bonitas rodajas, con miel y canela (afrodisiacos naturales).

Al volver a casa, preparé las velitas y el incienso.

Cuando por fin llegó la TB, estaba bastante nerviosa. Era como si hubiese proyectado demasiado Valor, por lo que tenía que dejar que se cualificase y fuese subiendo a mi nivel.

Principalmente, me comporté de una forma distendida y poco sexual, como un amigo. Además, la escuché bastante. Mientras hacía esto, dirigí en todo momento la velada, explicándole que tenía que hacer o cómo me podía ayudar en cada momento.

Cuando la cena estuvo lista, ella ya estaba más calmada y yo había ido modulando progresivamente el tono de mi voz, hacia uno más sensual. Era el momento de cambiar la música y poner algo más romántico (Lorena McKennit todavía no, era mi arma secreta).

Durante la cena, mantuve una actitud calmada, sensual y ligeramente juguetona. Las velas, el incienso y la música ayudaban bastante. Me aseguré de darle la comida con mi propio tenedor (pocas cosas crean más intimidad entre dos personas) y de servirme de un tono mucho más sensual. Aproveché para hacerle El Cubo, el cual alargué más de media hora.

Le apliqué alguna otra mini-rutina de Lectura en frío mientras la miraba a los ojos y la llamaba bruja. Y, por supuesto, le hablé de “esa energía especial” que desprendía.

Al concluir me senté junto a ella en el sofá y le hice Carrera de Ratones. Como es lógico, para entonces ya había más que kino suficiente, así que empecé a explicarle lo importante que es para mí el olor de las personas y lo mucho que se puede aprender de ellas sólo usando el sentido del olfato. Por supuesto, no paraba de ofrecerle demostraciones, oliéndole el pliegue del brazo, el cuello, la nuca, etc., mientras la acariciaba y la abrazaba.

Podía haberla besado hace años, pero prefería hacerla sufrir. Quería que suplicase.

Finalmente, le expliqué lo loco que me volvía su olor, y cómo cambia el olor de las personas cuando se encuentran en un estado de relajación profunda. ¿Sabía ella relajarse? ¿Le interesaba aprender? Pues bien, estaba con el gran maestro de la relajación.

-Quítate los zapatos y túmbate en la cama -le dije.

Entonces puse por fin a Lorena McKennit y le hice mi gran rutina de La Relajación, que suele desembocar en un polvo salvaje.

Primero la relajé profundamente mientras le acariciaba, besaba o calentaba con mi aliento partes del cuerpo treméndamente sensibles. Todo sin apenas rozarla. Lo hacía como un profesional y desde el absoluto Marco de que ella es la que se estaba beneficiando de todo esto, ella es la que estaba experimentando sensaciones nuevas y únicas. Dicho sea de paso, la relajación incluía cosas como sentarme a horcajadas sobre ella, desabrocharle, meter la mano entre pierna y pierna (apretando en un punto que hay entre el ano y la vagina), bajarle el sostén “para que no le apretara” y, por supuesto, olerla.

-Hueles mucho mejor -le dije -. Es increíble, tendrías que olerte tú. Por cierto, ¿crees que podrás volver a relajarte si te saco de este estado?

No era más que una pregunta para distraer su atención mientras le indicaba que se quitase el pantalón, la blusa y el sostén por completo. Lo hizo como una niña obediente en la consulta del médico. A fin de cuentas, de momento aún no se había producido nada sexual. De hecho, ni siquiera la había besado más que como un papá atento.

Ya en tanga, la relajé de nuevo y la olí de arriba a abajo. Sus pezones se erguían como castillos cuando la tocaba (¿un IDI?) y su aliento no dejaba de acelerarse como el de un corredor de cien metros lisos. Le volví a presionar con fuerza en ese punto que hay entre la vulva y el ano, esta vez por debajo del tanga.

-Respira hondo y sostén la respiración hasta que yo te diga -le ordenaba mientras apretaba en esa zona-. Ahora… así… ya puedes soltar el aire -continuaba al relajar la presión.

Y, mientras la sometía a esta diabólica tortura, la olía. Le olía la nuca, el cuello, los labios…

Pasé a otro tipo de masaje en la vulva que tampoco puede considerarse masturbación, pero…

Estaba histérica ya. No paraba de temblar como un animal convulso. Estaba a 50000…

¿Qué podía hacer?

Si no hubiese pasado de inmediato a ofrecerle el mejor sexo de su vida, me habría matado.

P.D. El peor inconveniente son los vecinos. No os hacéis idea de cómo me miran.

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Mario Luna, fundador del Equipo Seducción Científica y autor de las obras
Sex Code: El Manual Práctico de los Maestros de la Seducción ©2007
Sex Crack: Conviértete en un Maestro de la Seducción ©2009
Apocalípsex: Los 10 Mandamientos de la Seducción ©2011